La Otra Orilla, del Sr. González-Uzábal

Aprovechando que noviembre es el mes de NaNoWriMo, esta semana está centrada en la penúltima novela del Sr. González-Uzábal, llamada «La Otra Orilla». Este escritor novel lleva el nada despreciable ritmo de una novela anual: se dedica a documentarse y planificar durante 11 meses, y después lo  junta todo en un frenético mes, como él mismo cuenta. En estas fechas debería estar enfrascado en su cuarta novela, pero otros compromisos le han obligado a dejarlo para otro año.
En primavera leí el borrador de «La Otra Orilla«, que ya he mencionado alguna vez. Se trata de una historia que bebe de muchos clásicos y mitos, desde la Isla Misteriosa o La Divina Comedia, y también de obras contemporáneas, siendo quizá su mayor referente como Perdidos. Con incontables diferencias, por supuesto. Su tono narrativo resulta algo confuso al principio, pero coherente, y si bien se nota la premura de tener que terminar el libro en un mes y la necesidad de descartar temas, las insinuaciones que aparecen y desaparecen úncamente sirven para añadir profundidad.

«La Otra Orilla» continúa con la línea de sus anteriores historias, «La Extraordinaria Segunda Vida de Jimie Runner» y «Segunda Venida» (éste mi favorita hasta la fecha), explorando distintas facetas del alma humana. Aprovecho y con su permiso recupero algunas preguntas de una entrevista que le hice hace ya 3 años, cuando llevaba 50.000 palabras del libro de aquel año. Y desde aquí deseo mucha suerte a todos los nanowrimers.


LP: ¿Se te ha hecho muy cuesta arriba? ¿Qué ha sido lo peor?

GU: No se me ha hecho cuesta arriba, pero porque llevo 2 años acostumbrado a levantarme a las seis para dedicar aprox. una hora a escribir/leer. Los días de vacaciones han sido determinantes para poder recuperar ritmo, aunque he promediado unas 800 palabras por hora, que no está nada mal.

 Lo peor, dos cosas:

  • volver a doparme con cafeína sin parar. Llevaba un año desintoxicándome (sólo tomaba cafeína tras comidas o cenas) y ahora tendré que empezar de nuevo, pero era una de las alternativas para estimular la creatividad (la otra era el ejercicio físico, y esta no prolongaba sus efectos durante mi jornada laboral).
  • unas horas al inicio del décimo día, cuando llevas 20.000 palabras y  en tu cerebro más interior, algo empieza a decir que dejes de perder el tiempo y tires toda la novela a la papelera de reciclaje.

LP: ¿cómo valoras la experiencia?

GU: Genial. Extremadamente recomendable. Sin la ayuda de la comunidad,
probablemente no lo habría conseguido nunca.

LP: ¿Crees que cuando leas te encontrarás muchos fallos?

GU: Ya he empezado a leerla y me gusta. Aunque puede ser simplemente que  aunque el bebé sea flaco, paliducho, feo y además esté viscoso, es mío y le quiero.

De fallos hay un montón. Ahora mismo se me ocurre que he cruzado varios trofeos de campeón de wimbledon entre dos de mis personajes (uno los ha ganado y el otro decora con ellos su despacho), pero si a Sancho le robaron el burro y volvió a montar en él el capítulo anterior a recuperarlo, bien merezco yo un poco de perdón también.

LP: ¿Alguna vez tuviste ganas de volver atrás y cambiar cosas?

GU: Nunca. Pero de nuevo aquí la clave fue la comunidad. Todo el mundo aconsejaba sepultar a tu editor interior amordazado hasta el 30N. Así lo he hecho y eso es lo que ha hecho posible escribir 50K palabras en vez de editar 50 veces las primeras mil palabras.

LP: ¿Qué hacías cuando te encontrabas con un escollo creativo?

GU: Cafeína, deporte, y si veía que el tema se encajonaba, pegar un buen salto en la historia e ir directamente al meollo de la cuestión. Alguna cosa que, dicen y parece que es así, siempre funciona es tener pensadas un par de escenas de acción o sexo, que hacen avanzar las cosas.

LP: ¿Y cuál es «tu editor»?

GU: Uso FocusWriter 1.3.0. Su punto fuerte es que es extremadamente simple y tiene bloqueos soft para no dejarte abrir nuevas ventanas mientras tienes el editor abierto (yo antes de empezar a escribir abría una ventana con los argumentos y las fotos del casting de la historia) y ya no habría nada más. Así, si quería entrar a internete tenía que cerrar el manuscrito.

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